Italianos: maestros del marketing, maestros de la confusión
Salta el escándalo en Italia al “darse cuenta” ahora las autoridades italianas de que se vende aceite de otros países con la etiqueta “Made in Italy”, práctica que se desarrolla desde hace muchos años y que la podría haber detectado un “bambino” con la única condición de saber sumar. La noticia, presentada como la “Mafia del Aceite” que destapa el diario romano “La Repubblica” supone todo un ejercicio de cinismo mezclando el asunto del fraude en la etiqueta con el fraude de calidad y, tras un farragoso mix, concluye que los aceites genuinamente italianos son los únicos que garantizan al mundo el verdadero zumo de aceituna de la máxima calidad… craso error, en nuestra opinión, para sus propios intereses

Son nuestros vecinos europeos, son latinos, son mediterráneos, dicen que tenemos caracteres parecidos, históricamente nos une con ellos estrechos y fuertes lazos, y seguirán uniéndonos siempre, pero tenemos que reconocer que, ante todo, los italianos son los maestros mundiales en “darle la vuelta a la tortilla” y presentar hasta la situación más inverosímil, de la que ellos son los principales responsables, en beneficio propio. Pero, ojo, que han podido medir mal la frenada y la flecha que han lanzado se podría convertir, a medio y largo plazo, en un boomerang con lo que vendría de vuelta.

Si hay alguna frase en el Sector, que se repite desde hace muchos años, en cada corrillo donde se habla del oliva es “nuestro aceite de oliva se lo llevan los italianos a granel y lo venden envasado por todo el mundo”, y esto en sí mismo no es, ni ha sido nunca, negativo puesto que como también se repite a menudo “mientras no sepamos venderlo nosotros, alguien nos lo tendrá que sacar”. Hasta hace cierto tiempo esto no suponía problema puesto que no era obligatorio indicar en la botella el país de origen, ahora que lo es, y que están ocurriendo otra serie de circunstancias paralelas, se montó el lio.La descripción de los hechos es la siguiente: el pasado 22 de diciembre el rotativo italiano “La Repubblica” titula como “La Mafia dell’Olio” un artículo en el que informa de una gran investigación que se está llevando a cabo en Italia realizada por agentes de Aduanas, Guardia de Finanzas y detectives antifraude del Cuerpo Forestal del Estado, en colaboración con Coldiretti, la principal organización de empresarios agrícolas italianos, con un millón y medio de asociados.

La descripción de los hechos es la siguiente: el pasado 22 de diciembre el rotativo italiano “La Repubblica” titula como “La Mafia dell’Olio” un artículo en el que informa de una gran investigación que se está llevando a cabo en Italia realizada por agentes de Aduanas, Guardia de Finanzas y detectives antifraude del Cuerpo Forestal del Estado, en colaboración con Coldiretti, la principal organización de empresarios agrícolas italianos, con un millón y medio de asociados.

En el mismo se anuncia que “la práctica investigada se concentra principalmente en el Sur de Italia y están involucradas una decena de importantes empresas aceiteras italianas que a través de sus etiquetas o marcas, algunas muy conocidas, han formado un bloque de empresas –productores y distribuidores- , aliados para especular y cometer un sofisticado fraude comercial, engañando al consumidor y acumulando enormes beneficios. Para ello, importan enormes cantidades de aceite de Grecia, Túnez y, sobre todo, de España. En algunos casos, el aceite lo compran de sociedades a las cuales están ligados: el mismo padrón, el mismo grupo o familia. Controlan precios y mercado: «Hay un grupo de poder agroalimentario que con la importación y la transformación está haciendo fortunas legales. Así como para las basuras se habla de ecomafia, ha llegado el momento, también para el aceite, de hablar de agromafia. Hay que comenzar a investigar ciertos patrimonios”, denuncia Stefano Masini, el responsable de consumo de la organización de empresarios agrícolas Coldiretti.”

En el mismo artículo se habla de que “muchos de estos aceites, principalmente de origen español, pero mal etiquetados como italianos, son de baja calidad, lampantes que han sido sometidos a desodorizado, o incluso que presentan defectos comercializándose en Italia y en el mundo como vírgenes extra italianos”. Cifran el fraude en 5.000 millones de euros (¿?).

Pocos días después los diarios internacionales se hacen eco de la noticia, más liada aún, con subtitulares como éste del británico The Guardian que traducido dice algo así como que las autoridades italianas estaban investigando fraudes en los que el aceite italiano habría sido adulterado con aceites baratos procedentes de España, Grecia, Marruecos o Túnez.

O hace sólo tres días el Daily Mail titulaba, al hilo del embrollo del fraude en Italia “Fraud and intimidation: The unpalatable truth about your supposedly extra virgin olive oil”, es decir, “Fraude e intimidación. La dura verdad sobre tu supuesto aceite de oliva virgen extra” desarrollando después en el cuerpo del artículo afirmaciones como que los aceites etiquetados como italianos y procedentes de España son realmente falsos AOVES al estar refinados mediante técnicas ilegales.

En conclusión que la imagen que se intenta transmitir con todo esto en los principales mercados importadores, que son los que a nosotros nos importan, es que los aceites españoles son de peor calidad y ahí está la auténtica ceremonia de la confusión que crean los italianos, cuando el principal problema es que ellos defraudan al etiquetar aceites de otros países como propios, debido a que el aceite italiano tiene mayor precio en el mercado nacional e internacional. Ese es el verdadero el problema… el tema de la calidad es otra historia donde para cometer fraude puedes ser igual español, italiano o tunecino. No apliquemos aquí una maquiavélica propiedad transitiva: el aceite virgen extra italiano vendido barato es de origen español => el aceite virgen extra barato es producido con métodos ilegales => el aceite virgen extra español es de dudosa calidad. Y esto en sí mismo es falso.

El principal problema, una vez más, es que los aceites vírgenes extras, de media y alta calidad, están baratos y eso lo sabemos muy bien aquí.

Nuestra lectura es que este affaire, provocado y denunciado en primera instancia por los productores italianos, realmente, surge como una reacción a los bajos precios a los que se vende el aceite de oliva. Es decir la crisis de precios, provocada principalmente en España, antes o después se tenía que transmitir a los mercados de todos los países productores y aunque Italia se resistía… también ha llegado allí. Ante esto los productores italianos reaccionan, a nuestro juicio equivocadamente incluso para sus propios intereses, provocando este escándalo donde mezclan país de origen con calidad. Pero que no olviden que, a medio y largo plazo, las “palabras clave” de todo esto son: Italia, Aceite de Oliva y Fraude, y esto es lo que queda en el subconsciente del lector y consumidor internacional.

Y en cuanto a las mafias es totalmente lógico, aunque no justificable, que si en mayo un aceite de la misma calidad se vendía a 2 euros en una bodega española y a 4 euros en una bodega italiana, se iba a producir trasvase de una a otra porque la ganancia para el defraudador es del 100% con sólo trasladar el zumo de aceituna en una cisterna entre dos países que no tienen barreras aduaneras. Se les pone a huevo, huelen el dinero y ellos hacen su trabajo: delinquir.

Independientemente de todo esto, quien realice fraude de calidad con prácticas ilegales, sea en España, en Italia o donde quiera que lo haga, que sepa que está haciendo un daño incalculable a gran parte de un Sector oleícola que, haciendo las cosas bien, puede verse arrastrado por los desalmados sin escrúpulos que intentan lucrarse sin medida. A estos pájaros hay que perseguirlos con la ley en la mano y apartarlos del circuito sin ningún tipo de miramientos, llevándolos además a purgar su pena, porque sus prácticas, aún siendo minoritarias, pueden servir de apoyo a todos estos movimientos de opinión que se están produciendo y que ya veremos las consecuencias que pueden tener. A POR ELLOS, la Administración, los jueces, el sector decente, el consumidor y todo el que se considere persona de bien.

Concluimos una vez más confirmando que la banalización del aceite de oliva virgen (vía bajos precios generalizados y, en menor medida, violación de la calidad) sólo nos va a traer nefastas consecuencias, se mire por donde se mire.

 

 


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